Una lección de confianza
Cuando menos te lo esperas recibes una lección de confianza en el ser humano.
Era domingo y había salido a comprar algo de fruta, ya se sabe que en los pueblos siempre hay una tienda que abre siempre, a diario y festivos, donde puedes encontrar de todo, desde productos de limpieza, hasta tortillas precocinadas.
Subía por la calle Real, cuando reparé en él, era un perro mestizo, todavía joven, con el pelo corto y áspero de color negro y canela, no era un perro bonito, de esos que llaman la atención, parecía perdido o abandonado.
Alegre, movía la cola a cada persona que pasaba por su lado, buscaba con ansia pertenecer a alguien, tener su manada. Es tremendo sentirse abandonado y excluido. Unos lo espantaban, otros le chillaban para asustarlo, pero él seguía buscando, meneando su cola.
Hice mi compra y al salir me abordó, meneaba su cola con ansia, me lamia la mano cuando la baje para acariciarle, no podía quedarme con él, a pesar de que me enamoraron sus ojos, unos ojos oscuros que me miraban con un agradecimiento infinito, unos ojos que me suplicaban, “quédate conmigo”, unos ojos amorosos dispuestos a darlo todo, unos ojos confiados, sí, confiaba en el ser humano incondicionalmente.
Tengo dos perros y no puedo hacerme cargo de más animales, tuve la esperanza de que al ser tan cariñoso lo recogiese alguien del pueblo, así que después de acariciarlo me dirigí a mi casa.
Al día siguiente, Confiado (pues así lo bautice) seguía corriendo detrás de la gente moviendo su cola y mendigando cariño, lo vi tan desvalido que me despertó la compasión y le compre una lata de comida de perros, no os podéis imaginar los saltos que daba cuando la vacié en la calle, engulléndola rápidamente, seguro que llevaba varios días sin comer, haciendo acopio de mi razón, lo deje y me fui a casa.
La verdad que me venía a la mente continuamente, esperaba que alguien se compadeciese de un animal tan noble.
Unos días después lo vi, tenía una herida en el morro, como si le hubiesen dado con un palo, pero él seguía meneando la cola a todo el que pasaba cerca.
Me reconoció y salió corriendo a saludarme, no tuve más remedio que ceder y acariciarlo, le volví a comprar una lata que devoró en un instante.
Pensé en llevarlo a la protectora de animales, pero después de acordarme de las caras de los perros que vi allí, lo deseche, especulé en tenerlo en acogida y buscarle un dueño pero me dio miedo a no encontrar a alguien, yo no confío tanto en el ser humano. Una vez metido en mi casa no tendría corazón para abandonarlo.
Se me ha grabado en el alma la mirada de Confiado y espero que el universo le conceda lo que más desea, encontrar a alguien que lo quiera, pertenecer a alguien a quien amar, con quien compartir, a quien cuidar y sentirse cuidado.
Espero que no haya desaprensivos que lo maltraten y hagan que desaparezca esa maravillosa confianza en el ser humano que destilaban sus ojos.
Amanda.
sábado, 16 de octubre de 2010
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Espero que Confiado encuentre a alguien que le cuide para siempre. Espero también que nosotr@s nos atrevamos a tener - o que recuperemos - este ciega confianza en la vida y en otros seres humanos. Que a pesar de que nos han hecho daño, de que llevamos heridas de rechazo y abandono, podamos tener esta fe en ser acogidos y amados. Me parece que incluso, a veces, hay que agradecer las migajas que nos ofrecen en el camino, como Confiado apreció las latas de comida, y tu presencia amorosa, aunque no pudieras quedártelo para siempre. Y experimentar el dolor de ser quien no puede acoger, a lo mejor, nos hace entrar en la compasión por el sufrimiento que pueden haber padecido los que nos abandonaron... por los motivos que fuesen...
ResponderEliminarMe ha gustado el relato, no los hechos, pero menuda leccion de vida, tanto la de "Confiado", como la de quien lo relata. Porque ¿es un hecho real? .... entiendo. Como vas dejando a un lado tus sentimiento por una cuestion razonable, y como razonablemente se sufre en la vida.
ResponderEliminarCiertamente pasamos muchas veces de puntillas por encima de nuestros sentimientos, y por los de otra gente por miedo a herirlas o herirnos.
Me da mucho que pensar. Por lo tanto reflexionaré sobre el tema. Y lo mas seguro es que me pase como te ocurrio a ti.
No tendre más opcion que dejar al tiempo realizar el trabajo que yo no puedo realizar.
Sigue con tu bloc.
Un abrazo
Este mundo está lleno de confiados ... unos realmente lo son, otros lo aparentan ...
ResponderEliminarPero somos muchos más los que, aunque tengamos conciencia, no tenemos agallas. Nos convertimos en avestruces y seguimos con nuestras vidas. El pragmatismo se impone. De todos modos ... donde acabaría Confiado?????????
He de decir que Confiado, por fin ha recibido su recompensa pues el otro día lo ví,iba acompañado de un hombre que lo trataba con dulzura.
ResponderEliminarNo os podeis imaginar como me hizo sentir, pues la esperanza y la confianza en el ser humano se reafirmo en mi.