sábado, 16 de octubre de 2010

Una lección de confianza

Una lección de confianza



Cuando menos te lo esperas recibes una lección de confianza en el ser humano.
Era domingo y había salido a comprar algo de fruta, ya se sabe que en los pueblos siempre hay una tienda que abre siempre, a diario y festivos, donde puedes encontrar de todo, desde productos de limpieza, hasta tortillas precocinadas.
Subía por la calle Real, cuando reparé en él, era un perro mestizo, todavía joven, con el pelo corto y áspero de color negro y canela, no era un perro bonito, de esos que llaman la atención, parecía perdido o abandonado.
Alegre, movía la cola a cada persona que pasaba por su lado, buscaba con ansia pertenecer a alguien, tener su manada. Es tremendo sentirse abandonado y excluido. Unos lo espantaban, otros le chillaban para asustarlo, pero él seguía buscando, meneando su cola.
Hice mi compra y al salir me abordó, meneaba su cola con ansia, me lamia la mano cuando la baje para acariciarle, no podía quedarme con él, a pesar de que me enamoraron sus ojos, unos ojos oscuros que me miraban con un agradecimiento infinito, unos ojos que me suplicaban, “quédate conmigo”, unos ojos amorosos dispuestos a darlo todo, unos ojos confiados, sí, confiaba en el ser humano incondicionalmente.

Tengo dos perros y no puedo hacerme cargo de más animales, tuve la esperanza de que al ser tan cariñoso lo recogiese alguien del pueblo, así que después de acariciarlo me dirigí a mi casa.
Al día siguiente, Confiado (pues así lo bautice) seguía corriendo detrás de la gente moviendo su cola y mendigando cariño, lo vi tan desvalido que me despertó la compasión y le compre una lata de comida de perros, no os podéis imaginar los saltos que daba cuando la vacié en la calle, engulléndola rápidamente, seguro que llevaba varios días sin comer, haciendo acopio de mi razón, lo deje y me fui a casa.
La verdad que me venía a la mente continuamente, esperaba que alguien se compadeciese de un animal tan noble.
Unos días después lo vi, tenía una herida en el morro, como si le hubiesen dado con un palo, pero él seguía meneando la cola a todo el que pasaba cerca.
Me reconoció y salió corriendo a saludarme, no tuve más remedio que ceder y acariciarlo, le volví a comprar una lata que devoró en un instante.
Pensé en llevarlo a la protectora de animales, pero después de acordarme de las caras de los perros que vi allí, lo deseche, especulé en tenerlo en acogida y buscarle un dueño pero me dio miedo a no encontrar a alguien, yo no confío tanto en el ser humano. Una vez metido en mi casa no tendría corazón para abandonarlo.
Se me ha grabado en el alma la mirada de Confiado y espero que el universo le conceda lo que más desea, encontrar a alguien que lo quiera, pertenecer a alguien a quien amar, con quien compartir, a quien cuidar y sentirse cuidado.
Espero que no haya desaprensivos que lo maltraten y hagan que desaparezca esa maravillosa confianza en el ser humano que destilaban sus ojos.

           Amanda.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La locura de una Amanda cotilla

La locura de una Amanda cotilla

Hola vecino anónimo, ha resultado una aventura para mi, ver tu casa día tras día en estas cortas vacaciones pues ha disparado mi curiosidad y mi imaginación.
Una casa sin ventanas, una cúpula con cristales y una entrada angosta coronada por un hermoso cactus han sido la inspiración que me ha movido a crear infinitas realidades en mi mente.
¿Qué oculta esa casa? ¿Qué hay debajo de la cúpula? Quizás una piscina cubierta o un salón de baile o un fumadero de opio decorado como el interior de un harén con colchones y cojines de bellas telas donde descansan al lado de sus cachimbas los que buscan acercarse a Morfeo y ese humo embriagador que inunda la estancia escapa por los agujeros de la cúpula que actúa como gigantesca chimenea.
¿Por qué sin ventanas? En un lugar donde la luz lo inunda todo, donde el contraste de colores se hace más patente, donde la brisa del mar limpia las estancias, donde la mayoría de gente se une a su alegría abriendo grandes ventanales en sus lares, me hace pensar que a ti quizás te guste preservar celosamente tu intimidad o quizás no te guste lo que hay en el exterior y tiendas a aislarte de lo que la vida te ofrece, pero a mí me apetece que sea la primera opción.
¿Será difícil entrar en tu vida? Es lo que me sugiere al ver la entrada y el hermetismo de tu casa. Aunque la parte exterior es fría y espartana en la cara oculta se deja ver parcialmente un bosque frondoso que me gusta pensar que te pertenece, a lo mejor es de la casa de al lado, ¡¡que ironía!! Pero olvidemos eso porque esta es mi fantasía.
Hay que ver en lo que se entretiene la mente cuando la dejas divagar.
Me gusta recrearme en el halo de misterio que he creado alrededor de tu casa, seguramente la realidad superará la ficción pues los seres humanos somos más completos y complejos.
De pronto apareces, de pronto desapareces, pero no dejas ver nada de tu cotidianidad, a los otros vecinos los ves en el porche, en la piscina, jugando con su familia y tú solo, entras, sales. ¡¡Oh!! Una bici ¿le gustará el deporte? Pero la misma magia que la hizo aparecer la hizo desaparecer sin ni siquiera verla ejerciendo su función.
Como despierta mi curiosidad ese radiador al lado de la valla del jardín empedrado ¿lo usará en invierno para cualquier ritual de temascal, tapándolo con un “tipi” como el de los indios norteamericanos.
Y esos dos coches con matriculas de distintas ciudades ¿será un vasco aflamencado o un sevillano viajero? aunque tiendo más en la primera opción pues los sevillanos son muy de sus feudos.
A pesar del hermetismo de tu casa te he visto, sin tu saberlo, sin tu permitirlo, acariciabas el romero y acercabas tus manos a la cara para oler su fragancia, te he visto que regresabas alegre de no sé dónde y así lo deduje pues silbabas una canción que sonaba en la radio de tu coche, veía con que dulzura y cuidado ayudabas a tu perr@ a subirse en la parte trasera del coche y con la paciencia que esperabas su entrada en casa, te he visto hablar amorosamente con un niño dedicándole una tierna sonrisa.
Es agradable para mi haber compartido desde el anonimato todo esto contigo, me gusta ver el corazón de la gente, por ello te estoy agradecida y he decidido compartir mi locura contigo, quizás haga que este día tenga algo inusual, “una cotilla en tu vida”.
Te aseguro que ya han pasado unos cuantos veranos por mi y nunca se me había ocurrido hacer algo así, no pretendo ofenderte y si así ocurre espero que me puedas disculpar, tampoco pienses que ha sido una vigilancia exhaustiva como en la película “la ventana indiscreta”, ni mucho menos, no te obsesiones, solo han sido esos momentos de balcón donde tenía tu casa delante de la mía y ese gusto por la fantasía y la escritura.
Bueno hoy es mi último día aquí y antes de subir a mi coche me despido de tu casa, de tu perr@ y por supuesto de ti.
Un saludo.
Amanda
Que tengas un feliz día.

viernes, 6 de agosto de 2010

Cuento para Luna

AMNARA, EL HADA DE LOS BOSQUES






Amnara, el hada de los bosques, una criatura poderosa, bendecida con muchos dones, una melena negro azabache con suaves ondas caía sobre su espalda haciendo contraste con una piel blanca, de un blanco transparente y grandes ojos de un azul profundo como la tormenta en el mar que confirmaban sus dotes de visionaria, y sus alas, unas alas maravillosas que le permitían volar a través del tiempo y del espacio.



Ella sabía que tenía el poder de transformar a los demás, de despertar en ellos el deseo de hacer sus sueños realidad. Todo un halo de amor incondicional la rodeaba, a todo el mundo le gustaba estar en su presencia, emanaba sabiduría y amor por todos los poros de su piel.

El sol salio y Amnara abrió los ojos, vio a su alrededor toda la abundancia de la naturaleza, decidió dar un paseo para disfrutar del espectáculo.

Las fresas silvestres bordeaban los caminos, los árboles presentaban su aspecto más hermoso, regalándole sus aromas, de pronto sintió una presencia y se giró con el corazón lleno de alegría, allí estaba Tropo, su caballo alado, blanco como la nieve, sus crines le caían suavemente sobre el lomo y sus alas transparentes tenían los sutiles reflejos del arco iris.

Tropo relinchó con vehemencia saludando a su amiga, acercó su morro suave a las manos de Amnara y esta le acarició con delicadeza. Se miraron a los ojos y entendieron la profundidad de su amor, ese amor en el que no se necesita decir nada, esa comunicación que sale del corazón.

Continuaron juntos el paseo matutino, compartiendo juegos y caricias y las deliciosas fresas silvestres.

Llegaron al lago rodeado de un tapiz multicolor formado por mil flores, cada una distinta, se acercaron a la orilla y se metieron en el agua transparente y fresca que limpió los restos rojos de las fresas que manchaban las bocas de ambos.

Siguieron y siguieron con sus juegos

-Tropo vamos a ver a los demás dijo Amnara

-Hiii…..hiiiii que en el idioma de los caballos mágicos quiere decir ¡vale!

Y salieron del agua cogiendo el camino que llevaba al río, allí estaban las demás hadas del bosque.

Era un río de aguas verde esmeralda labrado en la roca formando pequeñas piscinas donde jugaban las hadas usándolo como un gran tobogán.

Tropo escucho las risas y la algarabía y aceleró el paso, poco después llegó Amnara y se unió a los juegos.

La noche cayó y todos se reunieron alrededor del fuego para contar cuentos y cantar bellas canciones. La felicidad lo inundaba todo.

Un día la reina de las hadas convocó una reunión

-Queridos amigos –dijo- los humanos necesitan nuestra ayuda, han perdido la fe en la vida, han pedido la alegría de tomar todo lo que les da, no son capaces de conectar con su corazón y el miedo invade sus vidas, necesitamos voluntarios para esta tarea.

Era una decisión importante pero Amnara quería ayudar y el hada de los bosques montó en su caballo alado he inició el viaje a la Tierra.

Fue un viaje duro y largo de nueve meses de duración, donde tuvo que renunciar a muchas cosas, tuvo que olvidar su vida anterior y despojarse de sus recuerdos, pero sabía que su camino era estar de servicio y ayudar a esos humanos tan perdidos.

Y un día de Febrero en un hospital de Sevilla, decidió entrar en la Tierra, su padre y su madre que cuidarían de ella hasta que su cuerpo y su mente fuesen lo suficientemente poderosos para valerse por si mismos, estaban esperando su llegada, con ansiedad y alegría y con el corazón abierto a recibirla.

Tengo que decir que ellos me dieron el regalo maravilloso de poder acompañarlos en la espera, me hicieron participe de ese momento tan especial.

Pensamos en todo lo que según nosotros sería mejor para recibirla pero las cosas no son como uno quiere sino como tienen que ser y Amnara decidió llegar a este mundo por cesárea.

El miedo nos invadió, el pensar que pudiera pasarle algo, que estuviese sufriendo nos llenaba de congoja e impotencia, la espera se hacia insoportable.

Era un parto difícil, la madre lo sufrió en su cuerpo y en su alma, y el padre desde su impotencia pedía ayuda para las dos, sin saber como manejar la situación, sin saber que hacer.

Y yo totalmente desconcertada e intentando dar la sensación de seguridad y control para ayudarlos, vaya mascara que tuve que sacar, todo era fachada, pero por dentro un dolor profundo se apoderaba de mi, yo sabia traducir los síntomas, yo sabia lo que podía pasar.

Entré en quirófano, que sitio tan horrible par recibir un bebé, y decidí que la recogería, la calmaría e intentaría darle a entender el gran amor con el que era recibida.

¡¡Y sorpresa!! Cuando la tome en mis brazos recién salida del vientre de su madre, me miró y fue ella la que disolvió mi miedo, me inundó con un sentimiento de paz, de amor y de vida.

Todavía al recordar esos ojos profundos y esa luz primigenia, se despierta en mi la misma sensación, está claro que la labor que ha venido a hacer está teniendo su fruto nada más llegar.

Y Amnara está entre nosotros y espero disfrutar de la compañía y las enseñanzas de esta gran maestra y sanadora de almas, “el hada de los bosques”….. Que aquí se llama LUNA.

                                Amanda.

jueves, 3 de junio de 2010

Sirio, el caballo magico

Sirio, el caballo mágico


Había una vez una familia que vivía a las afueras de la ciudad, en una casa con un precioso jardín que cuidaban con esmero, el padre se llamaba Ernesto y la madre Elena, tenían una hija que era su tesoro más preciado, su nombre era Penélope con la que compartían su amor por la naturaleza, les gustaba darse largos paseos por un bosque cercano.
Penélope no era feliz, siempre estaba enfadada y no sabía muy bien lo que le pasaba, la vida le parecía aburrida, no se sentía comprendida, siempre tenia que hacer lo que le mandaban, siempre la estaban regañando, no creía en la magia, no creía que todo era posible.
Tenía un caballo de color blanco que se llamaba Sirio como la estrella que más brilla en el firmamento, le puso ese nombre por como deslumbraba su pelo cuando le daba el sol, era un animal dócil y cariñoso y como Ernesto, el padre decía “hay veces que solo le falta hablar”. Este era su gran amigo, el único que la entendía, con el que compartía todos sus secretos, tenía conversaciones interminables pues le parecía que entendía todo lo que le contaba, la miraba fijamente con sus ojos grandes y expresivos y movía la cabeza con un gesto afirmativo.
Aquella mañana hacía un día espléndido, el sol empezaba a calentar dulcemente pues la primavera estaba intentando abrir sus semillas en la tierra, Ernesto y Penélope después de desayunar decidieron dar un paseo por el bosque, cogieron el camino de los álamos que estaba bordeado por un pequeño riachuelo, mientras caminaban iban hablando, “vaya rollo, siempre diciéndome lo que tengo que hacer” pensó Penélope.
Después de caminar durante mucho rato, subiendo la cuesta que llevaba a la cima de una pequeña montaña, llegaron a un llano y Ernesto se recostó sobre un árbol para descansar y en un pis-pas se quedó dormido, pero profundamente dormido, mientras tanto Penélope se aburría y siguió investigando la zona, encontró una fila de hormigas que parecía tener un destino común, la curiosidad la invadió, así que se dedico a seguirlas y ver donde las llevaba su caminata, después de un largo rato se aburrió de ellas, pues las hormigas seguían y seguían andando en su fila interminable, decidió dar la vuelta sobre sus pasos pero no reconocía el camino, anduvo y anduvo, hasta que se dio cuenta que estaba perdida, “papá, ¿donde estas?” gritaba con todas sus fuerzas, pero no recibía respuesta, siguió andando sin rumbo, “papá ¿Dónde estas?”, y seguía sin recibir respuesta.
Las lagrimas empezaron a aparecer, tenía miedo, no sabía donde estaba, no encontraba el camino de vuelta, ¿Qué podía hacer?, las lagrimas ya salían abiertamente de sus ojos y le impedían ver, no se dio cuenta que había unas ramas en la tierra, tropezó y cayó de bruces al suelo, ya no podía parar su llanto, lloraba y lloraba y de pronto al levantar la vista observó que al fondo de la arboleda había unas luces, algo que brillaba con mucha intensidad, se levantó como pudo y se dirigió hacia allí.
Sus ojos no podían dar crédito a lo que veían, era una ciudad maravillosa como nunca había contemplado, las casas eran de diferentes colores, rodeadas de todo tipo de flores, amarillas, naranjas, violetas…..y lo más extraño era que todas despedían un brillo dotado de una hermosura inigualable, además la habitaban seres de belleza excepcional, eran pequeños, de piel verde y brillaban como las flores que adornaban las casas, tenían alas irisadas que hacían que pudiesen desplazarse de un lado a otro volando, “que maravilla aquí todo brilla” dijo Penélope, y sin pensárselo dos veces dirigió sus pasos hacia la ciudad, no sentía miedo, toda aquella visión la atraía como un imán, “seguro que me pueden ayudar a volver a mi casa” pensó y tomó el camino que llevaba a la pequeña ciudad.
Conforme se iba acercando, los seres que la habían visto, revoloteaban a su alrededor, se dio cuenta que le estaban hablando pero no oía nada, gesticulaban, movían los brazos y la boca pero Penélope seguía sin oír, ¿Cómo me gustaría saber que dicen? de pronto una sombra en el cielo capto su atención, levantó su mirada y “OH, Dios mío es un dragón”, no podía creer lo que veían sus ojos, sí, era un dragón de color rojo intenso que volaba por el cielo con una especie de bolsa de color lila en su boca, de pronto se lanzó a un vuelo en picado que hizo que Penélope se tirase al suelo pensando que la iba a atacar, cuando el animal llegó a ella, soltó la bolsa que llevaba en la boca y un polvo dorado se esparció por encima del cuerpo de Penélope, se miró y …..”Estoy brillando” exclamó, su cuerpo había empezado a resplandecer como el de los seres que revoloteaban a su alrededor.
¿Cómo te llamas? ¿Qué haces aquí? ¿Quién te ha enseñado el camino?, todas esas preguntas escuchaba Penélope, podía oír, podía entender lo que le decían, “seguro que ha sido el polvo del dragón”
Decidida a ser educada, fue contestando a las preguntas
- Me llamo Penélope, me he perdido en el bosque, yo solo seguía a las hormigas
Y empezó a llorar de nuevo, uno de los seres, se acercó y le dijo “esas hormigas son unas bromistas, siempre hacen esa jugarreta con la gente que creen que se merece conocernos” “no te preocupes, te enseñaremos el camino a tu casa, pero ya que estas aquí ¿Qué te parece si te enseñamos este lugar?
- Me encantaría, respondió con entusiasmo, “me gustaría mucho”
Y así empezó su excursión por el mundo de la magia, pues estos seres no eran otra cosa que hadas del bosque, seres maravillosos y que solo contadas personas pueden ver, pasearon por las calles de la ciudad y se paraban en cada casa donde era invitada a probar los suculentos manjares que tenían preparados, nunca había probado comidas tan exquisitas, ni bebidas tan deliciosas, de las fuentes que había en las calles no manaba agua sino un néctar dulce que las hadas bebían continuamente y elaboraban con las flores que allí había, Penélope intentaba adivinar a que le sabía esa bebida, ¿será a plátano y mango o a fresas y manzana? Nunca había probado sabores parecidos.
Al final de una calle y coronada por arcos de flores se abría la entrada a un jardín donde todos estos maravillosos seres jugaban y cantaban, pues las hadas son muy alegres, juguetonas y bromistas, Penélope no se lo pensó y se unió a sus juegos, de pronto vio la cola de un caballo blanco, “caramba, como se parece a Sirio” y cual no fue su sorpresa cuando al acercarse, allí estaba, era Sirio, pero le había crecido un cuerno precioso en la frente y además tenía alas, se froto los ojos pues no daba crédito a lo que veía, “sí, sí , es Sirio” dijo en voz alta y el caballo al escuchar su voz se giro y con un trote suave fue a su encuentro.
- Hola Penélope
- Hola Sirio, ¿hablas”
- Sí, aquí, en este mundo puedo hablar
- Que maravilla
- ¿Quieres volar un rato en mi lomo? Propuso el caballo mágico que por cierto en este mundo le llaman unicornio
- Por supuesto que sí, me encantaría
Y subiéndose a su lomo iniciaron el vuelo por el cielo azul y brillante que coronaba la pequeña ciudad, a lo lejos vio al dragón rojo en cuyo lomo cabalgaba un hada verde que reía y reía al ver la cara de asombro de Penélope, y los dos juntos, unicornio y dragón hacían cabriolas en el aire para el deleite de sus dos amazonas.
Acabado el vuelo, Penélope pensó que era hora de volver a casa pues sus padres estarían preocupados y así se lo dijo a las hadas.
- Solo tienes que seguir a las hormigas, ellas te llevaran
Penélope se despidió de las hadas
- Si quieres volver otra vez solo tienes que seguir a las hormigas
Volvió a seguir el camino que le marcaba la fila interminable de hormigas bromistas y allí debajo del mismo árbol donde lo había dejado durmiendo, estaba su padre, y seguía igual que lo dejo, roncando a pierna suelta. Cuando lo vio no pudo contener su alegría y se tiro a sus brazos, Ernesto despertó sobresaltado.
- ¿Qué te pasa Penélope?
- Nada papá, que te quiero, y se fundió en un abrazo,
- Y yo también mi cielo, y aunque asombrado correspondió con un fuerte abrazo
Volvieron a casa donde Elena los esperaba, ¿Qué tal lo habéis pasado? “muy bien” contestaron al unísono, Penélope se sentía a gusto, notaba que la amaban, que allí estaba protegida, no los entendía muy bien ni se sentía plenamente comprendida, pero les quería y se sentía querida y eso le bastaba, a partir de entonces estuvo abierta a recibir todo el cariño que le diesen. Se asomó por la ventana y allí estaba Sirio tranquilamente pastando, de pronto giró la cabeza y le guiñó un ojo, “tengo un caballo mágico” pensó y solo ella sabía el porque, solo ella era consciente de la aventura del bosque de las hadas. Al mirarse vio que seguía brillando gracias a ese polvo del dragón rojo y eso fue por siempre jamás.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado por ahora, pues estoy segura de que Penélope cuando sienta que deja de brillar seguirá a las hormigas bromistas e ira a hacer otra visita a ese mundo mágico que había conocido y volvería a pedir a su amigo el dragón rojo que le diese otra ducha de ese mágico polvo dorado.

                  Amanda.



      

jueves, 27 de mayo de 2010

Carta a un amigo

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LIBERTAD……

Que es para mi la libertad, que difícil es ponerle palabras sin entrar en demagogia, que difícil es definir una sensación, como no se como empezar voy a hablar de mi.
Se algunas de las cosas que a mi me impiden sentirme libre y todas ellas dependen de mi, estoy aprendiendo a responsabilizarme de mi vida, de mis decisiones, pues nadie nada más que yo impide mi libertad.
He descubierto como con normas morales rígidas y aprendidas la coarto, con enseñanzas recibidas en mi infancia y tragadas sin analizar me atrapan, veo como el miedo a no ser aceptada, a no ser amada me limita, como las heridas de mi corazón me impiden estar abierta a la vida, a recibir su abundancia, como con las creencias que admito como verdades inamovibles me castro, como juzgo y encasillo para tener control impidiéndome ver la totalidad, como tengo tanto miedo a perder ese falso control sobre lo que me sucede que me hace mantenerme en alerta, como castro la salida espontánea de mis emociones, como a veces estoy tan desconectada que no se ni lo que siento, como no le hago caso a las señales que mi cuerpo, que muy sabio me manda, como mi mente fantasea con lo que piensan los otros deformando la realidad y haciendo una realidad irreal producto de mi locura.
Como ves no me siento una persona libre, pero si autentica, intento no engañarme, aceptar mis limitaciones y mis heridas, amarme como soy, con todas mis cargas, trabajar para conocerme más y darme cuenta de las tretas que yo misma me monto para no enfrentarme a lo que no me gusta de mi, aceptarme con mi sombra y desde que estoy en este camino me siento mucho más libre y por supuesto mucho más feliz.
Quiero tomar todo lo que la vida me traiga, quiero aprender de mis errores, quiero ser dulce y comprensiva comigo pues ello me hace serlo con los demás, quiero tomar las decisiones desde la libertad de aceptar que no soy libre, pues no soy perfecta ni pretendo serlo, desde mi egoísmo y mi generosidad, desde mi dulzura y mi cólera y muchas más contradicciones que forman parte de mi, hacer de mi pasado mi escuela de aprendizaje para crear mi futuro, pues sin él no sería lo que soy.
Bueno amigo por ahora lo voy a dejar aquí pues podría seguir escribiendo páginas y páginas, me alegro de poder compartir mi forma de pensar contigo, pronto seguiremos con la conversación.
Un beso muy fuerte, ciao caro.

Amanda.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Erase que se era






ERASÉ QUE SE ERA.



Este cuento va ha empezar como lo hacen todos los cuentos.

Érase que se era un hombre llamado Manuel, que vivía en una ciudad donde todo el mundo se quedaba en el umbral de los sueños, donde se llevaba una vida solitaria incluso estando en compañía, donde los más profundos anhelos quedaban relegados en una carrera hacia el éxito, donde los valores más nobles del ser humano dormían escondidos detrás de la búsqueda del dinero y un falso bienestar.

Una mañana cualquiera sonó el despertador como todos los días y Manuel abrió los ojos malhumorado, despertó con la sensación de soledad, de no poder con el peso de lo que el día le iba a deparar.

Se levantó y miró por la ventana y su mirada le devolvió el manto negro que solo era distorsionado por las luces de las farolas, la calle estaba vacía, tan vacía como su cama, tan vacía como su casa, tan vacía como él y dijo ¡¡Mierda de vida!!

Todavía no había amanecido y ya empezaba su retahíla de reproches, fue al baño donde se dio una ducha rápida, esperando que el agua arrastrase ese vendaval de emociones, al mirarse en el espejo no reconoció su propia imagen somnolienta, la mueca contraída de su cara acentuaba las pequeñas arrugas que habían aparecido a causa de la edad o quizás del sufrimiento constante con el que últimamente vivía su vida.

Su cabeza no paraba de dar vueltas, maldijo el madrugar, maldijo ese asqueroso pueblo donde vivía, maldijo ese desayuno en un bar de mala muerte, maldijo el café tomado de prisa y en soledad.

Miró a su alrededor, su aspecto no resaltaba, no prevalecía en esa mediocridad, la gente estaba allí como él, con cara malhumorada, resignados en su rutina y tan solos como él.

Reparó en una muchacha, no tendría más de 20 años, sonreía y su andar ligero y alegre hacían que se distinguiese de la multitud, ¡¡no sabe lo que es la vida, la edad la pondrá en su sitio!! pensó Manuel.

Después de tomar el café amargo como el día que se presentaba, cogió el coche y se dirigió al trabajo, un trabajo que no había elegido.

Tenía la sensación de que la vida lo arrastraba en esa rutina que odiaba, no llevaba las riendas y lo peor, no tenía la posibilidad a estas alturas de cambiar nada, se sentía demasiado viejo para luchar, así que, apretando la cara se resigno con lo que tenía.

La música sonaba en el coche como un suave ronroneo, era un bálsamo para su alma atribulada, siempre había tenido en él ese efecto. La circulación era pesada y dijo

¡¡ Maldición un atasco!! Y para colmo el gilipollas de turno haciéndole la puñeta, solo salían improperios de su boca, ¡¡gilipollas no has visto el intermitente!! ¡¡Chulo más que chulo!! ¡¡Anda y que te la pique un pollo!!

Él, era cirujano cardiovascular, porque su padre lo era, su abuelo lo era y la saga familiar lo esperaba de él, ¡¡y que puñetas!! se sintió lanzado a serlo, podía dar la talla, demostrar que no los defraudaría.

Llegó al hospital, una operación le esperaba, intentó calmarse después de la odisea de tráfico y fue a tomar un café,

¡¡Joder, el segundo café del día y no consigo ponerme a tono!!

¡¡Y ahora que careta me toca!! pensó, por supuesto la de hombre serio, responsable, frío y calculador, había que provocar en los pacientes la sensación de seguridad y confianza, pero en el fondo de su corazón, la desconfianza, la inseguridad, la confusión habían anidado profundamente.

Después de poner en práctica esa técnica de autodominio aprendida después de muchos años de ejercicio de la profesión y ayudado por su música esa pócima que necesitaba como un adicto, que tenía la virtud de transportarlo a los lugares de sus sueños, cogió el mp3 y puso a su María Callas. Pensó ¡¡ya sé, quizás casta diva, o mio bambino caro!! Por fin pudo conseguir estar todas esas horas en el quirófano, entregado a su labor.

¡¡ Algo he hecho mal, no ha salido bien, si hubiese hecho un bypass en vez de la extra corpórea!! Su mente era un torbellino de reproches, no podía soportarlo, no lo había salvado y solo tenía 35 años, su pregunta constante era ¿Qué he hecho mal? ¿Qué he hecho mal?, se lo repetía continuamente, un sentimiento de culpa empezaba a torturarle, pero también había aprendido a congelarse, a poner una muralla entre sus emociones y él, a no sentir.

¡¡Todo es mentira, todo lo que me rodea es falso!! ¡¡ No puede esperarse nada del ser humano!! pensó y con este sentimiento de desesperanza salió a la calle.

No quería cenar solo, no lo podía soportar. Cogió el teléfono y llamó a unos amigos, no tenía ganas de escuchar la letanía de consejos con los que últimamente le condenaban, pero era mejor eso que estar solo.

Y así, acompañado de la misma sensación con la que se había levantado, continuo su deambular. Le estaban esperando, la cena se desarrollo en una conversación de deberías, ¿que hago aquí?, pensó, pero su mente se negaba a aceptar su soledad, no importaba el precio que tuviese que pagar, no importaba que aquello no nutriese su corazón, no importaba que no pudiese decir lo que verdaderamente pensaba.

¿Qué careta me toca ahora? pensó, Él la conocía, era la careta de hombre alegre, superficial, irónico y que se ríe de la vida, el que lo tiene todo y a quien no le afecta nada. Seguía su actuación entre risas falsas, era lo que se esperaba de él, alguna vez se había mostrado autentico y no le habían aceptado, además, él también prefería esa careta, era una forma de evadirse, de no sentir lo que su corazón le estaba pidiendo.

Veía la infelicidad, no solo en él, si no también en sus amigos, vio la falsedad, vio también sus caretas, pero seguía y seguía con su actuación, ahogando con el alcohol los pequeños atisbos de su corazón luchando por que lo escuchara.

¡¡Es una buena anestesia!! pensó, pero seguía notando la exigencia de sus amigos para que fuese el Manuel divertido, de sus padres para que fuese el cirujano exitoso, de sus pacientes para que fuese el médico responsable y serio, y de él mismo para no defraudar a nadie, aunque el precio a pagar fuese defraudarse a si mismo.

Y con esta amargura acabó la cena que bañada por los vapores etílicos se hizo soportable, pero él, retrasaba el regreso todo lo que podía, no, no y no, no quería volver a una casa donde se sentía un invitado de piedra, una casa que no le permitía ninguna táctica para huir del sufrimiento.

Cogió el coche y llegó al pueblo de mierda, y entro en el bar de mierda, donde había la misma gente de mierda que había visto esa misma mañana, la única diferencia era que no estaba la muchacha ingenua que pensaba que la vida era bella.

Ahogo su miedo con una última copa y el cansancio físico le hizo tomar la dirección, a su casa de mierda, se dio una ducha de mierda, se metió en su cama de mierda y con esa palabra en la boca le venció el sueño, de mierda por supuesto.

Pero como los cuentos, lo único que tienen en común es el comienzo, tenemos la libertad de cambiar el contenido, así que empecemos de nuevo.

Érase que se era un hombre llamado Manuel, que vivía en un pequeño pueblo de Barcelona, un pueblo tranquilo y limpio, donde la contaminación de las fábricas no había llegado, estaba rodeado de pequeñas montañas, humildes pero bellas que rompían la línea del horizonte dando a la vista de forma gratuita y sin esperar nada a cambio, la alegría del verde de su vegetación.

Una mañana cualquiera sonó el despertador como todos los días y Manuel abrió los ojos, su primer pensamiento fue de agradecimiento y dijo¡¡otro día maravilloso y estoy aquí para vivirlo!!

Olió las sabanas que mantenían el perfume del jabón, se desperezó, poniendo como un niño travieso, cierta sonrisa en cada movimiento, se asomó a la ventana de su cuarto, todavía no había amanecido, las calles guardaban ese halo de tranquilidad de una ciudad que está despertando, dándote tiempo para incorporarte a la vigilia.

Se fue al baño y se dio una ducha notando como el agua templada acariciaba su piel, como masajeaba su mente haciéndolo sentirse cada vez más despierto, se miró al espejo con dulzura, reconoció su cara, la que le acompañaba durante toda la vida y que tanto iba cambiando, vio esas pequeñas arrugas que eran testigos mudos de lo que había vivido y recibió ese abrazo que deseaba de la imagen que le devolvía el espejo. ¡¡Adelante Manuel el día es tuyo!! ¡¡Que no se te olvide agradecerlo y disfrutarlo!!

Paró en la cafetería de siempre, pidió un café al camarero con una sonrisa y esta le fue devuelta con un ¡¡Buen día Manuel!! ¿Lo de siempre? Le gustaba esa familiaridad y la agradeció, le saludaron con palabras y con sonrisas algunos vecinos a los que solo conocía de vista, eso llenaba su corazón, se sentía como en casa, la vida le sonreía y no tenía que hacer nada para ello.

Al salir a la calle lo paró una vecina, sabían que era médico y le hizo una consulta sobre su hijo, Manuel vio el miedo de la mujer, la tranquilizó y respondió con cariño a sus preguntas, fue pagado con la sonrisa más dulce que jamás había visto. ¡¡Vaya regalo para empezar el día!! pensó.

Cogió el coche y se dirigió al trabajo, trabajo que no había elegido, pero que había conseguido trascender a todo eso sin que le causase sufrimiento, sabía que podía ayudar a la gente, sabía que era un bello trabajo, sabía que necesitaba mucha valentía para hacerlo, pero confiaba en que Dios le ayudase, él sería solo un instrumento de sus propósitos.

No tenía muy claro si quería ser otra cosa, pero hasta que la claridad apareciese en su mente, haría lo que sabía hacer y bien, lo mejor que supiese, era hermoso pensar que gracias a su ayuda, un ser podría seguir viendo las flores, disfrutando de sus seres queridos, viviendo en definitiva.

La música sonaba en el coche, esa maravillosa amiga le hacía conectar con lo más autentico de él, con los sentimientos más puros. Había mucha circulación ¡¡un atasco vaya por Dios!! Manuel aprovecho la situación para disfrutar de la música, no podía hacer nada para cambiar lo exterior pero sí para vivirlo lo mejor que sabía.

De pronto trasportado por su música en ese parón de trafico, vio la magnificencia de la naturaleza, el amanecer, la carretera transcurría paralela al mar y ahí estaba, el astro rey empezaba a salir de su sueño e iba iluminando el cielo en esa mezcla de amarillos y naranjas que se reflejaban en el mar tranquilo de la mañana, un mar solo quebrado por pequeñas olas que rompían sus crestas plateadas en la orilla, ¡¡que suerte tengo!! pensó..

Llegó al hospital, una operación le esperaba, era una gran responsabilidad, pero confiaba en el buen hacer de su equipo y se sentía apoyado. Lo llamaron para invitarle a un café, estaba de buen humor y parece que este estado es contagioso pues los demás compañeros parecían compartir su sentir.

Habló con los familiares antes de la intervención, se puso en su lugar y comprendió sus miedos y la compasión brotó de una fuente interior inagotable.

Al entrar en el quirófano vio tumbado en la mesa de operaciones a un hombre de unos 35 años, asustado, desvalido, invadido por el miedo, ¡¡aceptar la muerte es algo muy difícil!! pensó. Y acarició su mano, fue un gesto sin palabras no hacía falta nada más.

Cogió su mp3 y escucho su música, la que el había seleccionado, la que a él le conectaba con su parte más autentica y allí con su equipo, todos a una, empezaron a desafiar a la muerte.

Algo salió mal, no siempre se puede ganar la batalla, no soy Dios, es un trago duro enfrentarse a una familia esperanzada y por supuesto más difícil olvidar la mirada que hacia poco le había dirigido el hombre.

La tristeza le invadía, pero tenía claro que había dado lo mejor de él. No era perfecto, ni nadie pretendía que lo fuese, no era infalible ni nadie pretendía que lo fuese, era un ser humano que hacía su trabajo lo mejor que sabía y no se exigía nada más, unas veces ganaba y otras perdía, no estaba en sus manos decidir eso, su conciencia estaba serena.

Que vulnerables somos los seres humanos, que fachadas levantamos haciéndonos los fuertes, como nos cuesta mostrarnos así de auténticos, cuando nuestra fortaleza está en nuestra vulnerabilidad. Todas estas ideas rondaban en la mente de Manuel, necesitaba del apoyo de sus amigos, así, que acabada su jornada laboral cogió el teléfono y quedó con ellos para cenar.

Agradeció sus cuidados. Le agasajaron con una cena maravillosa, compartieron con él sus alegrías y tristezas y poco a poco se fue sintiendo mejor, volvió a tener la sensación de que era una persona con suerte, tenia amigos que lo amaban que no intentaban cambiarlo, ¡¡vaya otro regalo,¡¡quieren todo el lote completo!!

Y con esos regalos que ese día la vida le había brindado y que él había sabido coger, volvió a su hogar, ese hogar que estaba siempre donde él estaba, ese hogar que con tanto amor había creado, su refugio, donde se sentía a gusto y acogido, donde tenía su gran amiga la música, sus libros, sus cosas……y la energía que había puesto en habitarla.

Se desnudo y se metió en la cama, la que olía a perfume de jabón, con el orgullo de haber recibido de la vida y con la esperanza de despertar al día siguiente para seguir disfrutando de los regalos que le esperaban. Así que como un niño confiado se entregó a un sueño placido y reparador y colorín colorado estos cuentos se han acabado.





Tengo que decir que el protagonista del cuento no se llama Manuel, está puesto así para que cualquier lector que quiera ser el protagonista se sitúe en el cuento que quiera vivir, él tiene la elección, él tiene libre albedrío. ¡¡Suerte y elige bien!!

¡¡Ah!! Es cierto que cada uno necesita su tiempo para elegir como tomar la vida y la exigencia no es buena compañera, si no se esta preparado diría una frase de Susana Tamaro, cuando no sepas elegir espera y espera y elige donde el corazón te lleve, (no es literal, pero es el contenido).

                             Amanda.

La odisea de las teclas

Dios, que dificil es ser una analfabeta informatica, lo que me está costando entender y usar esto.