miércoles, 25 de julio de 2012

Cabaret Tanguero

Cabaret Tanguero o entrando en los arrabales del ser.


Después de la experiencia del año pasado he intentado ir al taller de este año sin crearme ninguna expectativa, algo que es casi imposible para una mente tan fantasiosa como la mía, pues era impensable que el factor sorpresa se volviese a repetir y señores, ha sucedido se ha repetido, no sé si es que yo soy fácil de sorprender o es que realmente se produce la magia en esos encuentros.

La ilusión de pasar de aprendiza de cabaretera a un grado más me hacia estar con una actitud de juego infantil donde el caramelo te espera al final del trabajo.

No sé cómo se denominaran los grados en estas disciplinas y espero que no sean grados militares, pues la milicia y yo no tenemos la misma filosofía, así que después de designarme como cabaretera de clausura casi pega más tomar apelativos religiosos y no es que sea yo muy dada a estos, quizás haya pasado de seglar a novicia, aunque el nombre de no-viciado tenga ciertas connotaciones que puedan llevar a equívocos pero he de reconocer que estos talleres crean cierta adicción.

Así que como la primera vez pensé en ir a los chinos para con un escaso presupuesto llevar mi vestuario y pensé – Marisa, atrévete y compra sin prejuicios-

Pero mi gozo en un pozo, cuando recibí el tríptico, el vestuario constaba solo de falda negra con raja al lado (menos mal que había un poco de provocación), mallot y el único tono de color lo daba un pañuelito para el cuello, “por Dios” donde estaba el plumífero, las lentejuelas, los vestidos horteras de plichiglas, este año que había perdido la vergüenza, este año que estaba lanzada y “ala” el vestuario era de lo más sobrio, ¿Qué tipo de Cabaret están montando?, sentí que era la antítesis del anterior.

Pero era tan bueno el recuerdo del Cabaret Jazz que me lance a ese mundo de fantasía, abierta a vivir la experiencia a pesar de tan escueto y poco brillante vestuario.

Maleta en ristre y después de mi jornada laboral me dirigí a la estación de tren para llegar al lugar del encuentro y no sé bien porque razón pero una sensación de alegría me inundaba, quizás el recuerdo, quizás el salir de la rutina diaria o quizás el saber que en estos lares me puedo mostrar sin miedo a no ser políticamente correcta.

Fueron repartidas las habitaciones ya conocidas donde esta vez me alojaba con caras también conocidas, algo inesperado y con lo que no contaba, abrazos y besos extra, aumentaban así la alegría del reencuentro, me di cuenta que no sólo en mi han creado adicción estos talleres.

Me gustaría aclarar que digo adicción por denominar una actitud, una forma de búsqueda personal, en una construcción que pretende ser literaria y sin ánimo de ofender a nadie.

Este año se añadió la complicidad que da el trabajar con compañeros con los cuales ya has creado ciertos vínculos, donde con la mirada eres capaz de comunicar infinitas cosas, sensaciones y emociones.

El taller se fue desarrollando con la ya consabida vorágine de subida y bajada de los tacones, con horarios apretados y cansancio físico, con lavabo compartido y bien rentabilizado, con vida de cabaretera de clausura diurna, con préstamos de ropa y risas por los pasillos, con las caras sorprendidas de los demás habitantes del albergue y el añadido de hacerme consciente de lo “viva” que me sentía.

Sentía mi cuerpo y no solo por las consabidas agujetas, sentía mi piel, sentía mis entrañas, sentía, sentía.

Si he de establecer una diferencia entre lo que fue para mí la edición pasada y esta, lo tengo claro en mi mente, pero como compartir sensaciones y emociones.

En Cabaret Jazz descubrir una parte instintiva casi animal, donde de forma espontanea se unían las emociones con mis vísceras. Donde me permití en ese espacio, en ese pequeño laboratorio donde está permitido experimentar, fluir con mi cuerpo sin pasar nada por mi razón, sin establecer la dualidad moralista del bien y el mal, de lo correcto y de lo incorrecto, sintiendo mis emociones a través de mi cuerpo y sin consultar siquiera a mi mente, donde desde un espacio de alegría sentía ese canto a la vida, sí, a la vida desnuda.

Porque si hay alguna forma de aprender a ser autentica es desaprender todo lo que has establecido y has dado como real y valido.

Este año Cabaret Tanguero, ¿Qué mezcla podía ser esa?, el tango expresión de la pasión, del amor y el desamor, de la entrega y la ofrenda, corazones rotos, vidas de desesperanza, huracanes de emociones.

Y así ha sido, un viaje por los arrabales del alma, un descubrimiento de heridas ocultas por el autoengaño, un trabajo de toma de conciencia y de limpieza, un vaciado para dejar sitio a nuevas experiencias.

Y con la carga menos pesada y la sensación de ligereza, llegó el final del taller, el momento de la despedida, la dificultad de superar la adicción, menos mal que mi cuerpo sabe más que yo y me ayuda a volver a la realidad.

Este año no he disfrutado del “Pimpollo” (himno de la edición anterior), pero si he visto la transformación de esa austeridad que yo premonizaba en una riqueza de comunicación, de complicidad y por supuesto de creatividad, que han cubierto con creces todas mis expectativas.

Un beso a todos mis compañeros de fatigas tangueras y a mis queridos gurús, y espero el reencuentro para el año que viene porque como ya he dicho ha creado en mi una adicción que por supuesto y aunque sea contradictorio siento como sanadora.



Amanda “Antonella Peperoni” arrabalera de por vida.



P.D. No sé al año que viene como pondré otro “titulin” en mi Curriculum de cabaretera que no sea disonante.

1 comentario:

  1. Por pura casualidad he entrado en este blog y me ha gustado mucho, demuestras una gran sensibilidad y una imaginación desbordante en tus escritos, lástima que esté interrumpido desde hace años, pero claro no podemos saber los motivos de eso. Muchas gracias Amanda

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