viernes, 6 de agosto de 2010

Cuento para Luna

AMNARA, EL HADA DE LOS BOSQUES






Amnara, el hada de los bosques, una criatura poderosa, bendecida con muchos dones, una melena negro azabache con suaves ondas caía sobre su espalda haciendo contraste con una piel blanca, de un blanco transparente y grandes ojos de un azul profundo como la tormenta en el mar que confirmaban sus dotes de visionaria, y sus alas, unas alas maravillosas que le permitían volar a través del tiempo y del espacio.



Ella sabía que tenía el poder de transformar a los demás, de despertar en ellos el deseo de hacer sus sueños realidad. Todo un halo de amor incondicional la rodeaba, a todo el mundo le gustaba estar en su presencia, emanaba sabiduría y amor por todos los poros de su piel.

El sol salio y Amnara abrió los ojos, vio a su alrededor toda la abundancia de la naturaleza, decidió dar un paseo para disfrutar del espectáculo.

Las fresas silvestres bordeaban los caminos, los árboles presentaban su aspecto más hermoso, regalándole sus aromas, de pronto sintió una presencia y se giró con el corazón lleno de alegría, allí estaba Tropo, su caballo alado, blanco como la nieve, sus crines le caían suavemente sobre el lomo y sus alas transparentes tenían los sutiles reflejos del arco iris.

Tropo relinchó con vehemencia saludando a su amiga, acercó su morro suave a las manos de Amnara y esta le acarició con delicadeza. Se miraron a los ojos y entendieron la profundidad de su amor, ese amor en el que no se necesita decir nada, esa comunicación que sale del corazón.

Continuaron juntos el paseo matutino, compartiendo juegos y caricias y las deliciosas fresas silvestres.

Llegaron al lago rodeado de un tapiz multicolor formado por mil flores, cada una distinta, se acercaron a la orilla y se metieron en el agua transparente y fresca que limpió los restos rojos de las fresas que manchaban las bocas de ambos.

Siguieron y siguieron con sus juegos

-Tropo vamos a ver a los demás dijo Amnara

-Hiii…..hiiiii que en el idioma de los caballos mágicos quiere decir ¡vale!

Y salieron del agua cogiendo el camino que llevaba al río, allí estaban las demás hadas del bosque.

Era un río de aguas verde esmeralda labrado en la roca formando pequeñas piscinas donde jugaban las hadas usándolo como un gran tobogán.

Tropo escucho las risas y la algarabía y aceleró el paso, poco después llegó Amnara y se unió a los juegos.

La noche cayó y todos se reunieron alrededor del fuego para contar cuentos y cantar bellas canciones. La felicidad lo inundaba todo.

Un día la reina de las hadas convocó una reunión

-Queridos amigos –dijo- los humanos necesitan nuestra ayuda, han perdido la fe en la vida, han pedido la alegría de tomar todo lo que les da, no son capaces de conectar con su corazón y el miedo invade sus vidas, necesitamos voluntarios para esta tarea.

Era una decisión importante pero Amnara quería ayudar y el hada de los bosques montó en su caballo alado he inició el viaje a la Tierra.

Fue un viaje duro y largo de nueve meses de duración, donde tuvo que renunciar a muchas cosas, tuvo que olvidar su vida anterior y despojarse de sus recuerdos, pero sabía que su camino era estar de servicio y ayudar a esos humanos tan perdidos.

Y un día de Febrero en un hospital de Sevilla, decidió entrar en la Tierra, su padre y su madre que cuidarían de ella hasta que su cuerpo y su mente fuesen lo suficientemente poderosos para valerse por si mismos, estaban esperando su llegada, con ansiedad y alegría y con el corazón abierto a recibirla.

Tengo que decir que ellos me dieron el regalo maravilloso de poder acompañarlos en la espera, me hicieron participe de ese momento tan especial.

Pensamos en todo lo que según nosotros sería mejor para recibirla pero las cosas no son como uno quiere sino como tienen que ser y Amnara decidió llegar a este mundo por cesárea.

El miedo nos invadió, el pensar que pudiera pasarle algo, que estuviese sufriendo nos llenaba de congoja e impotencia, la espera se hacia insoportable.

Era un parto difícil, la madre lo sufrió en su cuerpo y en su alma, y el padre desde su impotencia pedía ayuda para las dos, sin saber como manejar la situación, sin saber que hacer.

Y yo totalmente desconcertada e intentando dar la sensación de seguridad y control para ayudarlos, vaya mascara que tuve que sacar, todo era fachada, pero por dentro un dolor profundo se apoderaba de mi, yo sabia traducir los síntomas, yo sabia lo que podía pasar.

Entré en quirófano, que sitio tan horrible par recibir un bebé, y decidí que la recogería, la calmaría e intentaría darle a entender el gran amor con el que era recibida.

¡¡Y sorpresa!! Cuando la tome en mis brazos recién salida del vientre de su madre, me miró y fue ella la que disolvió mi miedo, me inundó con un sentimiento de paz, de amor y de vida.

Todavía al recordar esos ojos profundos y esa luz primigenia, se despierta en mi la misma sensación, está claro que la labor que ha venido a hacer está teniendo su fruto nada más llegar.

Y Amnara está entre nosotros y espero disfrutar de la compañía y las enseñanzas de esta gran maestra y sanadora de almas, “el hada de los bosques”….. Que aquí se llama LUNA.

                                Amanda.

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